miércoles, 18 de noviembre de 2009

El operador le ganó la partida al militante. Ni en el Gobierno ni en la oposición quedan personas capaces de comprometerse con fervor y justicia en favor del bienestar de los demás.

Nota de Julio Bárbaro publicada en el diario Clarin.

Era una manera de transitar la vida, la droga que ilusionó a una generación, el nombre común del propietario de los sueños.

A veces pienso que esa denominación de la rebeldía convertida en propuesta fue más cercana a la religión que a la política. Para muchos, se trató de una etapa de la juventud; para otros, del destino de una muerte certera, el último intento del romanticismo por detener la enfermedad terminal del egoísmo.

Militante era el que soñaba participar de la conciencia colectiva, la contracara del aventurero, el que intentaba superar la invasión del consumo individual.

El militante intentaba cambiar el mundo con su ejemplo, mientras su enemigo mortal, el operador, fue el que se impuso para que ganara la picardía y la agachada.

La política se convirtió en las palabras del militante en la causa salvadora de los pueblos, las ideas soñaron una democracia que les diera carnadura. Sus libros y su grupo definían su pensamiento y su familia; la Universidad y el barrio obrero, el recorrido obligado de sus días.

Los había enamorados de Cuba o de la China de Mao, marxistas ortodoxos de respuesta certera y anarquistas impacientes, sembradores de dudas.

En nuestras tierras el peronismo elaboró su propio mito, que se expandió cual fuego sagrado sobre la sequía que dejó Onganía cuando persiguió marxistas en la Universidad. Acosado entre el sacrificio y el anonimato, si le fallaba al esfuerzo se volvía burgués, si enarbolaba su nombre devenía aventurero.

Hoy sentimos que nos equivocamos todos porque ganó el enemigo, porque no pudimos impedir que se vendiera nuestro patrimonio y se sembrara tanta miseria.Hoy no hay militantes ni en el Gobierno ni en la oposición, por eso la sociedad no se puede enamorar de la política, no tenemos quién nos dé testimonio, alguien capaz de pensar más en los otros que en sí mismo.

En el militante, la desmesura de su fe volvía secundario su discurso; hoy las palabras se amontonan sobre una dudosa convicción y un uso de los otros que lastima.

Pero el recuerdo no alcanza para devolverle un destino a las dudas de hoy. Si la memoria tiene un sentido, es el de ratificar el compromiso de volver a enamorarnos de la política.

Eso es un militante, un enamorado y un forjador del rumbo colectivo.

viernes, 13 de noviembre de 2009

La situación con los medios en la Argentina hace que ocupe otro espacio en este blog. Gracias a Seba Lorenzo (de allí saqué el texto) comparto con ustedes el brillante análisis de Alejandro Dolina sobre este tema.

Alejandro Dolina en el programa Televisión Registrada. (Sábado 7 de Noviembre, Canal 13)

“alegoría a los espejos”

Con los medios de comunicación hay que tener un poco de sana desconfianza, es lo mismo que sucede con los espejos.
Uno crece en la inteligencia de que los espejos devuelven fielmente la imagen de quien se les pone adelante. Y es una convicción muy fuerte. Hasta que por ahí, alguien, alguna mano malvada empieza a fabricar espejos que deforman. Espejos que no devuelven la verdad, sino la mentira.
Y entonces me levanto la mañana, me voy a afeitar y uno que se sabe morocho, ve en el espejo una persona rubia distinta a la que es uno. Y así y todo se le tiene tanta confianza a los espejos que incluso prevalece esa confianza por encima de la realidad.
Y uno que ha vivido una morocha vida durante tantos años, entre amigos morochos y de familia morocha se ve rubio en el espejo y empieza a asumir rubias conductas. Porque desde chico nos han dicho que el espejo no miente.
Yo creo que ha llegado el momento de desconfiar del espejo.
Y de pensar que a lo mejor, los fabricantes de espejos tienen intereses inconfesables que nosotros no conocemos. Intereses entres los cuales figura que nosotros nos creamos rubios y pensemos como rubios, siendo que somos morochos.
Sería mejor, entonces, más que mirar el espejo; preguntarle al de al lado, al que también es morocho y que vive como nosotros a ver como nos ve, que le pasa, que siente. Y mirar entonces mas la realidad y menos el espejo de la realidad.
Porque a veces ese espejo está tendenciosamente modificado y es definitivamente fraudulento.

miércoles, 11 de noviembre de 2009

El nuevo socialismo colectivo de las sociedades On-line

Leyendo y volviendo a leer el escrito que debíamos analizar, The New Socialism: Global Collectivist Society Is Coming Online( pueden acceder al texto completo ingresando a http://www.sebalorenzo.com.ar/2009/10/27/the-new-socialism-global-collectivist-society-is-coming-online/. Y aceptando esta carga de ser un inmigrante digital... y tratando de ser lo mas sincera posible... busqué como expresar mi disidencia en este mar de beneficios del socialismo virtual. Parece incongruente que lo plantee justamente en un taller virtual del cual soy parte (y feliz de serlo). Es que me gustaría que alguien aporte porcentajes de cuanto se utiliza este maravilloso espacio para pensar y cual es el porcentaje de la nada, de estar por estar, de compartir por compartir, donde no existen sentimientos, donde la soledad frente a un monitor nos hace creer que estamos haciendo algo, que le interesamos a alguien. Y lo pensé mil veces antes de escribirlo porque no tenía desde donde sustentarlo, vagamente aparecían en mi mente escenas de un libro que marcaron mi juventud, “1984” de George Orwell, busqué en sus páginas la respuesta, no fue en ellas donde la encontré sino en un texto que me gustaría compartirlo.

Admonición no profética

“Es inútil escudriñar el horizonte que se nos presenta para reconocer el advenimiento de 1984 en múltiples signos de dominación, pérdida de la identidad, atenazamiento electrónico de las conciencias, despliegue incontenible de técnicas propagandísticas que impregnan hasta el último rincón del cuerpo social, invención de tecnologías inquietantes... No se escribió 1984 para que se esperase su cumplimiento como antes se hiciera con los varios anuncios del fin del mundo como consecuencia de cataclismos o funestos accidentes estelares.
Las circunstancias argumentales de la novela, la pura anécdota, resultan intrascendentes, salvo en su función intrínseca. No es presumible que todo ser viviente sea fiscalizado continuamente con una cámara, ni que la pobreza de una planificada economía de la escasez sea la mejor estrategia para mantener a la colectividad en la marginación de una lucha por la supervivencia. Actualmente se concebiría un mundo afín a la pesadilla orwelliana mediante un doble control, heurístico uno, en virtud del conocimiento informático de todos los individuos, y algorítmico el otro, no ya con multitud de cámaras inquisidoras sino con miríadas de monitores donde las víctimas abrevan espiritualmente y a las que se mantiene fijas a ellos por un misterioso magnetismo electrónico. (En este caso, la realidad temida por Orwell y la que los tiempos convierten en factible es idéntica si se opera la correspondiente inversión.) Por otro lado, el espectáculo del capitalismo feroz de los años treinta y de una economía de posguerra resulta demasiado ruidoso y de mal gusto, a diferencia del feliz consumismo y un Olimpo pletórico de dioses en forma de multicolores objetos listos para usar y tirar.”Xavier Laborda


Nos seguimos leyendo,
Ana María Sacic